La brújula de la feria

La brújula de la feria

La imagen de portada que acompaña a este artículo, corresponde a una vieja casa ubicada en el barrio Parque Rodó de Montevideo que fue durante unos cuantos años la sede de mi consulta astrológica regular.

Toda una diversidad de personajes cruzaban esa puerta cuando la modalidad presencial era la única vía para las entrevistas si bien desde el 2007 ya comenzaba a dar turnos por Skype.

Esta nueva virtualidad que se fue instalando lentamente, daría por tierra con mi costumbre de no tener “más remedio” que viajar a otros lugares para llevar adelante mi actividad en el tema.

Desde mi perspectiva, abrir la puerta para cada turno, era mucho más que simplemente recibir a una persona; más bien se parecía a cuando uno le quita el envoltorio a un regalo.

Durante el procedimiento de rutina de contacto, mi consultante me pasaba sus datos, de tal manera que pudiese escribir el tema y darme una primera impresión de la obra de teatro que, a la hora indicada por la agenda, atravesaría ese portal.

Con el conjunto de la consulta del día en carpeta, iba desde mi casa hasta el estudio del Parque Rodó imaginando cada vez, la correspondencia entre el mapa y lo que sucedería al abrir la puerta.

El practicante de este oficio, está acostumbrado a recibir personas con diferentes preocupaciones y es bien difícil encontrarse con alguien que venga cuando todo está bien o al menos no existan las inquietudes o urgencias que requieran de la información que otorga este puesto de observación particular que constituye la mirada astrológica.

Por tanto, al terminar de levantar una carta, el ojo del práctico se desvía buscando darle forma a las urgencias o a los motivos que cargará cada consultante que, a la hora prevista, toque el timbre.

Con arreglo a cada tormenta biográfica ya fuera esta leve, moderada o severa, yo sabía que al abrir la puerta, esta se vería reflejada de alguna manera en el personaje de turno.

Existe una especie de ley que sostiene algo así como: “Nadie viene al astrólogo cuando todo marcha bien” y si bien puedo concordar que esto es el porcentaje mayor de todo el conjunto, en algunas ocasiones la excepción confirma la regla.

Hacia el año 2004, una señora llamada Inés con 63 años cumplidos, concertó su cita y para mi trabajo me pasó sus datos que terminaron en la carta que reproduzco aquí.

El sistema de cronometría denominado PLN (Proluna) es el que he utilizado con buen suceso por casi cuatro décadas ya, de tal manera que al escribir este tema en particular; Inés estaba progresando a la conjunción múltiple de su Sol, Urano y Júpiter, apoyados por buenos ángulos de la Luna y Neptuno quienes se encuentran -curiosamente- exiliados en su posición, con el condimento peligroso del ángulo tenso de Marte un breve lapso más adelante en el camino.

La sospecha de las Pléyades

Es precisamente esa zona de Tauro -aproximadamente a los 25 hasta los 28 grados de longitud sobre el Zodíaco- en donde se encuentran las Pléyades, por supuesto sin tomar en cuenta el desplazamiento por precesión.

Éstas últimas me alertaron de una condición singular más allá de la carga clásica de los factores de rutina.

Son tantas las historias que rodean a este asterismo de acuerdo al lugar del mundo en que se las puede observar que prefiero dejarle el tema a los dominios de la Astronomía Cultural. Esta sugerirá que allí se encuentra la nidada del ñandú aquí en el Río de la Plata o conviven las siete hermanas según la mirada helénica, a menos que se prefiera la historia de las esposas de los siete Rishis hindúes.

Para mi práctica es sencillamente algo así como una señal de alerta mayor en el transcurso de la vida.

No se marcaba una tormenta; sino más bien un tornado categoría F5.

A su vez, no podía reunir las pruebas en mi juicio de tal manera de establecer un incidente desgraciado que empujara a mi consultante a la entrevista, por lo que la curiosidad acerca de la razón de aquel encuentro aumentaba.

Algo estrepitosamente bueno le habría sucedido y a su vez, este impacto habría roto su brújula.

La entrevista

A la hora prevista para la consulta, sonó el timbre y bajé hasta el rellano de la entrada para ver qué traía la marea esta vez.

La señora Inés saludó cortésmente y mi primera impresión no me defraudó en tanto Plutón algo me susurraba cercano al horizonte.

Subimos la escalera y comenzamos la conversación con una pregunta que cambia ligeramente cada vez de forma, pero me acompaña desde el principio:

¿En qué puedo ayudarle desde este puesto de observación?

Comenzó a explicarme que estaba frente a un dilema muy serio ya que era una empleada doméstica con tres hijos que ya no estaban a su cargo y desde sus trece años tuvo que trabajar para sobrevivir a diario.

Durante el último tiempo, aproximadamente unos diez años; había pasado a cuidar a dos señoras mayores enfermas que no tenían descendencia y por tanto su rutina consistía en estar unas seis horas en cada casa apoyándolas y también sirviendo como compañía.

Inés era en el más estricto de los términos, una persona de bien que trabajaba muchas horas y más allá de los avatares desgraciados de su vida afectiva -si quiere asimilar la posición de Marte en el sector VII, está claro el asunto-, su mayor orgullo era haber sacado adelante -prácticamente sola- a sus tres hijos.

Hasta allí, el reflejo entre mapa y biografía iba en curso de navegación, pero las voces de las Pléyades me aturdían, afirmando que había algo insólito detrás de todo el asunto.

Los regalos de Neptuno

A continuación Inés que vivía en una modesta casita al Norte de Montevideo, me contó que unos pocos años atrás (tres para ser exactos), una de las señoras que cuidaba falleció, con la particularidad que testó los bienes en favor de mi consultante.

Dos locales comerciales en la capital con arriendo vigente, una suma considerable de dinero y el apartamento en una buena zona del barrio Pocitos que era -precisamente- donde su benefactora vivió hasta el final.

Bueno; un par de años más tarde (unos meses antes de la entrevista); la segunda señora que Inés cuidaba, también falleció y le legó en gratitud una casa en el balneario Portezuelo -cercano a Punta del Este- de un alto valor inmobiliario, con una partida específica de dinero para que no tuviese que preocuparse por el mantenimiento de la propiedad.

Convengamos hasta allí que ya mi sorpresa en un rápido recuento patrimonial anunciaba que el regente del Sector VIII, es decir Neptuno, había hecho su trabajo; sin embargo lo que Inés me estaba por relatar correspondía al señor de los Cielos, es decir a Júpiter y como el lector -si está versado en el tema- sabe, este factor no se anda con pequeñeces.

Júpiter y la tormenta perfecta

Finalmente Inés expresaría en términos biográficos la naturaleza jupiteriana del pronóstico debido a que tuvo la suerte de acertar un premio de lotería unas semanas antes de nuestro encuentro que en Uruguay se denomina “Cinco de oro”. Su cuenta bancaria literalmente explotó.

Creo que si mira la PLN en el momento de la entrevista y ve que Júpiter tiene regencia sobre el Sector V ya que Sagitario tiene su reino allí, técnicamente no hay mucho más que deducir.

Así que bueno; eso trajo a la señora Inés a mi puerta.

Las razones de Tauro

El motivo fundamental fue una pregunta bien sencilla de enunciar y terriblemente difícil de contestar.

Observará que la carta tiene un gran peso en los factores de tierra e infelizmente no contiene ningún valor en agua:

—Mire Álvaro, lo que yo quería preguntarle es qué hago ahora, porque estoy empleada en una casa como doméstica y mis hijos me insisten que deje de trabajar.— comenzó.

—¿Y Usted qué quiere hacer?— le pregunté.

—Es que no sé cómo se hace sin trabajar.— contestó.

—Bueno; Usted sabe que quién se dedica a esto no es consejero ni terapeuta; a todo lo más le puedo sugerir que su mapa muestra que necesita certezas y estoy seguro que sabe a qué hora pasa el ómnibus que la lleva a su trabajo todos los días.— empecé.

—Imagínese apagando el despertador a las seis de la mañana o cuando sea que se levanta, desayunando rápido y que digamos seis y cuarenta no está en la parada, cuando pasa “su” ómnibus, ¿cómo se sentiría?— rematé; llamando de alguna manera a todos los valores en tierra de su carta natal.

—No lo aguantaría. Le agradezco la sugerencia y le pregunto por último: ¿No ve mudanza verdad? Porque mis hijos me dicen que me vaya al apartamento de Pocitos; pero no conozco a nadie en ese edificio.

Aparte en mi barrio los sábados de tarde a eso de las cinco, cuando vuelvo de la feria, tomamos unos mates con mi vecina.—

Contesté vagamente escudándome en que un astrólogo no “ve” mudanzas o circunstancias de ese tipo; aunque sospecho que debido a la progresión, un año más tarde; Marte le privaría de su actividad diaria y sus hijos terminarían por convencerle de la conveniencia del cambio de lugares y rutinas, pasando luego a territorio de Géminis en donde la inestabilidad de su residencia se volvería insoslayable.

Pero todos mis razonamientos son meramente anecdóticos frente a la paleta de colores del consultante y la expresión que se construye cada vez que uno abre la puerta y por lo que he visto, en ningún tratado astrológico se hace mención dónde leer acerca de cómo usar la brújula de la feria.

Culminada la entrevista luego de pasar por otros tópicos referentes a sus hijos fundamentalmente, Inés sacó de su monedero el dinero exacto con cambio chico para pagar mis honorarios y la acompañe a la puerta en donde se despidió comentando:

—Le agradezco porque una se va tranquila sabiendo que todo estará bien si las cosas siguen igual.

Ah, le quería preguntar si el ómnibus de la línea 128 pasa en la parada de la esquina, ¿Usted sabe?—


Estas historias breves, formularon un libro que se encuentra pausado en este momento pero que tal vez pueda retomar la marcha más adelante. Considero que el mejor tratado de estudio que se puede componer, se ensamble a partir de estas biografías que enseñan lo fundamental acerca de la naturaleza profunda de las influencias en particular.

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