El jaque perpetuo de Kepler

El jaque perpetuo de Kepler

Un poco de información

Para entender el título: El jaque perpetuo de Kepler, será necesario advertir al lector que no tiene noticia acerca del juego / deporte / ciencia de ajedrez.

Existen tres resultados posibles.

Se puede ganar una partida, empatarla o perderla.

El resultado se define por dos escenarios principales.*

Cuando un bando (blancas o negras) gana, lo hace mediante lo que se denomina jaque mate o por el abandono del bando perdedor. Este entonces es el caso de un ganador y un perdedor.

El empate -denominado en la jerga ajedrecística como tablas– se provoca generalmente cuando las fuerzas están equilibradas y se acuerda tal resultado de común acuerdo o por la triple repetición de la secuencia de jugadas.

En el empate existe también el caso particular del jaque perpetuo o continuo.

Se trata de una serie de repeticiones en el asedio al Rey del rival que éste no puede evitar, pero que a su vez el bando que lo hace, tampoco puede forzar ganando el final.

Por último destacaremos que existen tres fases bien diferenciadas en una partida:

La apertura que trata de la disposición de las piezas dentro del tablero tratando de controlar de la mejor forma el “campo de batalla” durante los primeros movimientos.

El medio juego que se da cuando comienza el verdadero intercambio de hostilidades y se inclina (o se mantiene equilibrado) hacia uno de los dos bandos que consigue sacar ventaja.

Y el final que es cuando se precipita la lucha unos pocos movimientos antes de declarar un vencedor o eventualmente “tablas”.

*Existe una variable temporal también que determina que los jugadores pierden la partida si les “cae la bandera”; es decir si quedan fuera del tiempo previsto para una serie de jugadas de acuerdo al ritmo concertado previamente.

El jaque mate de Nash

En la novela escrita en 1998, Sylvia Nasar narró la historia del matemático estadounidense John Forbes Nash.

El lector conocerá mejor este trabajo en el formato de guion que sirvió a la película “Una mente brillante” protagonizada por Russel Crowe, quién interpreta de forma excelente una clase de partida de ajedrez (en mi imaginación) entre Nash y su esquizofrenia.

Cuando la enfermedad está a punto de cobrarse la psique del científico; con un recurso extraordinario Nash se da cuenta que uno de los personajes que lo habitan, no puede ser real; de tal manera que el actor exclama:

She never gets old! Marcee can’t be real; she never gets old!

Uno de los demonios no puede ser real por el simple hecho que es una niña que pese al paso del tiempo, no crece. Es una especie de niña eterna, incambiada. A partir de este hecho, el personaje renuncia a continuar dialogando con sus demonios internos y gana la partida.

El propio Nash escribiría en 1994:

Gradualmente empecé a rechazar inteligentemente algunas líneas de pensamiento que estaban influenciadas de manera delirante y que habían sido características de mi orientación…así que, actualmente, he vuelto a pensar de manera racional, en el estilo que es característico de los científicos…

La “manera racional” no es otra cosa que la certeza del avance -con velocidad variable- de la ciencia.

Gracias al aporte brillante de diversos personajes históricos, por ejemplo la Astronomía pudo librarse de la creencia de los epiciclos (la retrogradación de los astros en Astrología) a un modelo cierto no sin antes vencer unos cuantos demonios como lo hizo Nash a su forma.

En forma accesoria mientras la Astronomía avanza en su conocimiento con el paso del tiempo, la Astrología sin método se parece más y más a un conocimiento vestigial que, en lugar de crecer, se hincha.

El matemático imperial de Estiria

Nuestro invitado principal en este artículo montó con sus tres leyes la plataforma para que otros construyeran un puente firme entre la Física y la Astronomía.

Eso sí, vivió atribulado por sus demonios en forma de creencia astrológica hasta el final sin poder descartarla totalmente, pasando por diversos períodos entre el amor y el odio.

Para conocerle bien, tenemos que dar un breve rodeo biográfico por el hombre que tomó la certeza discreta de Nicolás Copérnico acerca de la falsedad del geocentrismo y con el aporte opulento de la cartografía celeste de Tycho Brahe:

“…Para la década de 1600, Tycho necesitaba el talento matemático del joven Kepler para el conocimiento de sus observaciones astronómicas de toda una vida, mientras que Kepler necesitaba el acceso a los datos astronómicos de Tycho para verificar su gran misterio del universo…”

Jonathan Taborda en “La resención de las leyes de Kepler en Inglaterra”

le terminaría entregando un juego de herramientas a Isaac Newton para montar la mecánica gravitatoria.

El exterminio del geocentrismo

En la ciudad de Weil al sudoeste de Alemania el 27 de diciembre de 1571 a las 14:30 nació nuestro héroe que sufrió todo tipo de problemas de salud a lo largo de su vida. Leamos algo más acerca del personaje:

“…Johannes fue un niño enfermo, de miembros delgados y rostro ancho, pastoso, circundado por oscuros cabellos ensortijados. Nació con un defecto visual: miopía y, además poliopía anocular (visión múltiple). El estómago y la vesícula biliar le producían constantes molestias. Tenía furúnculos, salpullido y, probablemente también hemorroides, pues él mismo nos dice que no podía estar mucho tiempo sentado y que debía andar de aquí para allá.”

Arthur Koestler en “Los sonámbulos”

Toda esta clase de contratiempos no hicieron mella en su carácter; en lugar de amilanarle, lo impulsaron con ferocidad hacia los límites de la capacidad intelectual que poseía.

Parece apropiado tomar en cuenta que hablamos de los albores del siglo XVII; es decir en pleno replanteo del cuerpo estático del conocimiento humano en Occidente y que estaba cuidadosamente sojuzgado por la Iglesia, si bien esos sonámbulos de los que habla Koestler en su libro ya se querían escapar a tientas del molde de las creencias de la época.

Para no aburrir al lector y poder entrar en el tema central del artículo, repetiremos en forma mínima las tres leyes que Kepler formuló en su tratado “Astronomia Nova” y pulió luego en “Harmonices Mundi”.

  • Los planetas se mueven de manera elíptica alrededor del Sol, el cual se sitúa en uno de los focos de la elipse.
  • El radio vector que une a un planeta con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.
  • El cuadrado del período orbital de cualquier planeta es proporcional al cubo del radio de la órbita.

Resistiré la tentación de comentar acerca de estas maravillas y el proceso tortuoso por el cual llegó a su postulación porque escapan en su volumen a la extensión de esta referencia, pero me tomo el atrevimiento de sugerirle al lector que investigue más detrás de la primera conexión entre la Física y la Astronomía.

También es sumamente interesante -y didáctico- el polémico intercambio con Robert Fludd por todo lo que significaba este verdadero terremoto para el status quo astrológico.

Pero al final de cuentas nosotros estamos aquí para presenciar la partida entre Kepler (con blancas) y la Astrología (con negras), ya que en nuestra consideración Johannes Kepler con su modelo matemático de relaciones entre la Astronomía y la Física arremetió (tal vez sin quererlo) sobre el dogma astrológico, dejándolo tambaleante desde allí en adelante hasta nuestros días, pese a los intentos más o menos infructuosos de los practicantes del bando negro para sostener su “ciencia de los astros”; así que vamos con ello.

La apertura

La Astrología campeaba como el conocimiento refinado de la relación del hombre con el universo por aquel tiempo y entonces lógicamente nuestro personaje no podía estar ajeno a esto desde una edad muy temprana. Ya lo vemos en la descripción que hace de sus familiares y cómo adjudica virtudes y defectos por doquier a los suyos.

Respecto de una de sus tías escribe:

Kunigund, nacida el 23 de mayo de 1549. La Luna no pudo estar peor colocada. Ha muerto, madre de muchos hijos. según parece envenenada, el 17 de julio de 1581.

Pasaremos rápidamente por la descripción -por cierto descarnada- de su padre:

Heinrich, mi padre, nació el 19 ·de enero de 1547… Era hombre vicioso, inflexible, pendenciero y condenado a terminar mal. Venus y Marte aumentaron su maldad. EI descenso de Júpiter lo empobreció, pero le dio una esposa rica. Saturno, en VII, lo hizo estudiar artillería. Tuvo muchos enemigos, y el suyo fue un matrimonio lleno de riñas… Sentía un vano amor por los honores, y alentó vanas esperanzas de lograrlos; fue un vagabundo… En 1577 corrió peligro de ser ahorcado. Vendió su casa y abrió una taberna. En 1578 un violento estallido de pólvora quemó e hirió el rostro de mi padre… 1589: trataba muy mal a mi madre. Por fin, se marchó al exilio y murió.

La lista del uso astrológico en la edad temprana de Kepler es prácticamente interminable y totalmente “natural” para la época y aparece también integrada hacia sus 26 años en su irónico autorretrato:

En este hombre hay dos tendencias opuestas; por un lado, lamenta perder el tiempo; por el otro, esta siempre perdiéndolo deliberadamente. En efecto, Mercurio hace que uno se incline a las diversiones, a los juegos y otros placeres ligeros…

Sin embargo, poco antes, es decir en 1574 a sus 23 años, la partida comienza a cambiar de la tranquilidad para la Astrología respecto de su rival.

Es nombrado matemático de la provincia de Estiria en la ciudad de Gratz, con la particularidad que quedaba a cargo de la cátedra de Astronomía y aquí aparece la clave que comienza a cambiar el viento de la contienda ya que estuvo a punto de rehusarla:

“…por la naturaleza inesperada e inferior de la posición y por mis escasos conocimientos en esta rama de la filosofía.”

Allí espera la Astronomía (¿debería escribirla aquí con minúscula?).

Es una simple disciplina accesoria de la Filosofía anclada en el Almagesto y en el Tetrabiblos de Ptolomeo pese a los rumores copernicanos; tan feliz con su teoría de los epiciclos de los que el propio Nicolás Copérnico no se había podido desembarazar.

Durante su primer año en la Universidad escribe profusamente acerca de los cielos, los espíritus y los genios entre otros temas de la filosofía astronómica; pero algo está comenzando a cambiar.

Sabemos que las clases de Kepler en la Universidad fueron “…cansadoras, desconcertantes y muy poco inteligibles…” El genio del matemático imperial se movía a una velocidad vertiginosa en la asociación de ideas.

Y la asociación de ideas es un asunto peligroso para el ritmo de los dogmas.

Durante los cuatro años que permaneció en Gratz tuvo que llevar a su cargo la tarea del calendario astronómico (astrológico en verdad) que era una de las tareas obligatorias si bien estaba remunerada aparte.

La carrera astrológica de nuestro jugador de blancas comenzó con estos calendarios y terminó como astrólogo de la corte del duque de Wallenstein.

Por lo pronto, observamos que al finalizar la fase de la apertura, el bando de las negras (la Astrología), se sostiene relativamente bien frente a las blancas, es decir al intelecto de Kepler, aunque sin sacar ventaja.

El medio juego

En los siguientes años y en la medida que sus conocimientos astronómicos se afianzaban, la partida comenzó a inclinarse peligrosamente en ambos sentidos, comenzando por un rechazo con matices de repugnancia:

“Un espíritu acostumbrado a la deducción matemática, cuando se ve frente a los falaces fundamentos [de la astrología] se resiste mucho, mucho tiempo, como un mulo obstinado, a poner el pie en ese sucio charco, hasta que lo obligan a hacerlo a los golpes y maldiciones…”

“Mysterium Cosmographicum” Prefacio al Lector – Johannes Kepler

A continuación la Astrología recupera algo de crédito en nuestro héroe:

Veamos en principio el costado empírico del asunto:

“La creencia en el efecto de las constelaciones procede, en primer lugar, de la experiencia, que es tan convincente que solo la gente que no la haya examinado puede negarla…”

Más leña al fuego:

“Es obvio que el cielo ejerce alguna influencia sobre el hombre; pero que cosa sea esta es algo que permanece intrínsecamente oculto.”

Inclusive tenemos tiempo para leer alguna hipótesis avanzada que da la impresión del conjunto astrológico:

“EI alma natural del hombre no es de dimensiones mayores que las de un punto; y en ese punto la forma y el aspecto de todo el cielo están potencialmente grabados, aun cuando ese cielo sea centenares de veces mayor.”

Podríamos extender las notas una y otra vez y la vacilación entre los bandos parece infinita. Cuando se convence de una postura que le saque la creencia de la mente, la Astrología se rebela y se le escapa una vez más, sosteniéndose apenas mientras nuestro profesor ya es un erudito en todo sentido y se encuentra a una distancia enorme de los sabios de su época (y de la nuestra, también).

El final

El desenlace está cercano de la partida, cuando ha enunciado la tercera ley que permite establecer el término de las órbitas de los astros alrededor del Sol. Tiene todavía tiempo para evaluar qué habrá sucedido con el cinturón de asteroides, puesto que le falta una pieza al sistema de los ciclos, pero como comenté anteriormente; estas variantes son en sí tan ricas, que dan para muchos artículos específicos.

Volvamos nuestros pasos entonces para asistir al final de la partida que, como el lector presagia, terminará en tablas por jaque perpetuo:

“Verdaderamente, con todo lo que sé de astrología no sé lo bastante para atreverme a predecir con seguridad cualquier cosa especifica.”

Esta frase resuena una y otra vez en mi cabeza ya no solamente por la percepción de una mente brillante, sino por la arrogancia de los practicantes -en los que me incluyo- de todos los tiempos que teniendo -digamos- una mísera fracción del conocimiento enciclopédico de nuestro héroe, nos lanzamos a profetizar a diestra y siniestra sobre cualquier asunto.

Leamos brevemente una vez más a Koestler tratando de interpretar el sentir de Kepler mientras el juego culmina en empate:

“De manera que solo la estructura aparece cósmicamente determinada, y no los acontecimientos particulares. Dentro de esa estructura, el hombre es libre. En los últimos años de Kepler, este concepto de la Gestalt del destino cósmico se hace mas abstracto y aparece mas purificado de escorias…”

Nuestro matemático imperial al igual que su colega Nash con su esquizofrenia, trató de exorcizar los demonios que le consumían en su ensueño astrológico.

El primero venció por jaque mate a su patología; nuestro héroe tan sólo, consiguió un triste empate por repetición.


Es verdad que Kepler consiguió colocar en el pedestal de las ciencias a la Astronomía desplazándola del escenario filosófico y mudándola a mejores vecindarios lejos de los barrios bajos del conocimiento.

Esa nueva Astronomía que nació gracias al aporte de nuestro personaje, -así como de Ulugh Beg, Tycho Brahe, Copérnico-, dejó a la Astrología -su hermana gemela- en los burdeles fuera de todo contacto. Desde Descartes unos pocos años después y en adelante, convenientemente las enfrentaron y compararon sus ropas, espejos y linajes, para que no hubiese reconciliación alguna y de paso olvidaran el origen materno común en los cielos.

Fue tan exitoso el contraste que consiguieron que muchos alegres practicantes de la actual astrología (aquí infelizmente con minúscula), mantengan el concepto que “su ciencia” no tiene que ver con la Astronomía.

Sin embargo la historia contará que en esa ciudad en donde conviven a distancia prudencial la creencia, el mito y la ciencia, una prostituta consiguió empatar su partida con el padre de la Astronomía moderna.


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Por otra parte si en lugar de examinar el jaque perpetuo de Kepler, prefiere que revisemos otras partidas, espero su sugerencia.

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