Un retorno necesario

Este artículo tiene por origen el escrito recuperado de Olivia Barcley titulado «The Need for Traditional Astrology» publicado originariamente en 1997 y que puede leer (en inglés) aquí.

Esta prédica es la que hemos sostenido durante más de 30 años de enseñanza y todo ello es producto de la experiencia propia sobre la materia.

Mientras por estos momentos se procesa una crisis astrológica a causa de la pobre formación en diversos temas que soportan el conocimiento, Judiciaria persiste en recordar que los fundamentos de la disciplina se encuentran repartidos a su vez en otros puntos de apoyo y tal parece que en este momento queda más cómodo (es más sencillo, naturalmente), aprenderse algunos preceptos básicos de la Psicología que calcular correctamente en Astronomía la llamada fuerza perturbatriz.
Los practicantes actuales -por desgracia- son a su vez producto del software que les permite levantar un tema cualquiera y luego con una receta básica, aderezada con un poco de psicología de bolsillo más su «intuición», se lanzan a interpretar a diestra y siniestra.

Tal vez mi párrafo preferido de la señora Barcley es este:

«There have been many such unfounded inventions during this century which have lead to distortions of the truth. We have been losing much that is of value. People have felt free to invent and add whatever they wish, even when they have no idea of what was already known in the old astrology. The changes have caused confusion and contradiction.»

La sensación resultante es la pérdida gradual del verdadero conocimiento del tema y esto es particularmente cierto ya que la consulta profesional sustituye en nuestros días prácticamente en forma completa a la investigación histórica; así que en tal caso tanto los autodidactas como los centros de enseñanza están más preocupados en acertar la caracteriología básica de un signo zodiacal cualquiera, pero son incapaces de reconocer cualquier constelación por encima de sus cabezas, que es donde verdaderamente yace el soporte de todo esto.

Quedará entonces aislado este conocimiento esperando por quienes se atrevan a «subir la cuesta» que significa dar un rodeo extenso por los principios mitológicos -no solamente los helénicos-, los cálculos aburridos de latitud y declinación de un astro (para encontrar con sorpresa, unas cuantas falacias en los llamados «aspectos») y a su vez estudiar las distintas vertientes y autores, recomponiendo el camino que lleva a una legislación original de la disciplina; muy lejos ya de los nuevos inventos de cada practicante entusiasmado con el asunto, pero que no tiene tiempo en muchos casos para darse cuenta que con su extravío, está enterrando cada vez más el verdadero tesoro que cree dominar.

Y cuando a una persona cualquier asunto le resulta sencillo -los Tauro son tercos, los Libra sociables-, automáticamente lo valoriza en consecuencia.

Luego para esos «astrólogos» no será válida la queja acerca de la mala reputación de «su» (ahora sí con minúscula) astrología.

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