Cardano y el mapa de Cristo

Una de las discusiones de la disciplina que continuará inevitablemente en el tiempo, es la verdadera fecha (y hora) del nacimiento de Cristo.

En tal sentido, este asunto casi le cuesta la vida a Gerolamo Cardano en 1570. Allí en Bolonia y por tener un mapa levantado ya en 1554, nuestro personaje tuvo que abjurar luego de pasar varios meses en prisión por esa carta, pese a que en su momento, tuvo la precaución de incluir en su análisis la siguiente frase:

«Y no pienses que yo quiero decir que la divinidad de Cristo, o sus milagros, su santidad de vida o la promulgación de la ley dependen de los astros … «

El asunto es sin embargo que siete años antes, ese diagrama apareció en el ángulo superior derecho de la pintura de Luis de Morales por encargo del obispo de Badajoz Juan de Rivera (un fuerte adepto de la Astrología), cuando la Iglesia de Roma aún no había prohibido reproducir el cielo de nacimiento del nazareno y por tanto reconocer su dimensión humana.

Así que Morales con cuidado por el detalle, copió el tema incluyendo longitudes con grados y minutos, destacando curiosamente a Júpiter.

 

Digamos rápidamente que Cardano fue un matemático de nota que publicó en 1539 las soluciones a las ecuaciones de tercer y cuarto grado; realizó el primer tratado de probabilidad («Liber de ludo aleale»), aparte de sus contribuciones a la hidrodinámica y a la medicina ya que fue el primero en describir correctamente la fiebre tifoidea. En suma, un sabio del siglo XVI.

Sin embargo a nivel estrictamente biográfico, este personaje vivió con suerte variada y frecuentemente se veía envuelto en algún escándalo que por ejemplo, terminó desgraciadamente con su primogénito Giambattista, cuya mujer durante el matrimonio, lo engañaba con frecuencia teniendo entonces tres hijos de otros hombres.

Ante esta situación Giambattista (que era médico), le preparó un pastel con arsénico, causándole la muerte. Entonces el hijo de Cardano, fue finalmente ejecutado ya que nuestro héroe no pudo reunir el dinero para salvarle la vida.

Unos años antes de su muerte, retornó a Roma y se convirtió (luego del asunto de la carta de Cristo), en astrólogo de la corte papal.

Había previsto su final por los astros para el 20 de setiembre de 1576 y para asegurarse del éxito en el pronóstico; se suicidó al final de la tarde de ese día.

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