El Geoglifo del Sol

Entre los geoglifos circulares del norte de Chile, destaca ampliamente el denominado «Geoglifo Sol», que es una figura dibujada en el suelo –un panel horizontal, es decir un conjunto de varios elementos que guardan una relación entre sí– de unos 23 metros de diámetro y de acuerdo a la mayoría de los estudios que se le han practicado desde su redescubrimiento en el 2008, constituye una señal indicadora múltiple de diferentes lugares para los viajeros y un observatorio astronómico, primero para los tiwanakis y luego para los incas ya que, el emplazamiento en el desierto de Tarapacá, constituyó su dominio en forma sucesiva durante muchos siglos. Las figuras secundarias que resaltan en la periferia del glifo, parecen tener una utilidad práctica al indicar –por ejemplo– los senderos hacia los principales centros urbanos de ese tiempo entre los que podemos destacar a Tiwanaku, con unas 40000 personas en su apogeo y que comenzó a desarrollarse en el 1500 AC, alcanzando su mayor influencia hacia el 400 AC.

Para esta entrada sin embargo, nos detendremos en algunos elementos interesantes propios del Glifo. Tenemos que tomar en cuenta por su ubicación dentro de los trópicos (aproximadamente 18 grados de latitud Sur); la característica singular de la astronomía andina que difiere de nuestros conocimientos astronómico-astrológicos derivados de la cultura europea anclada para sus observaciones a una latitud norte muy superior al trópico de Cáncer, lo que la obligaba a ajustar su reloj zodiacal sobre otros cuerpos celestes como la Estrella Polar. Por ejemplo si tomamos a nuestro profeta del norte de Europa a comienzos de la era cristiana, este debía lidiar con una observación que comenzaba en los 50 grados de latitud Norte y la imagen que proyectaba ese cielo requería de ajustes para llevarlo a un modelo que pudiese utilizar en sus pronósticos.

Esto no es necesario donde se encuentra emplazado el glifo y con instrumentos más sencillos de observación se puede obtener un muy buen mapa sin necesidad de cálculos complejos.

La utilidad esencial de esta astronomía, es controlar los períodos de siembra, cultivo y cosecha y como en otras «astrologías» del continente, estos pueblos concentraban su atención en el destino para la simple subsistencia, sin otras preocupaciones egocéntricas, teniendo una relación «natural» con los objetos sobre sus cabezas. En este caso su calendario era fácilmente ajustable ya que los cuerpos ascendían y descendían de forma notoriamente regular cada año en su declinación, es decir sobre el cenit; por ello, hasta el observador común podía identificar los ciclos que se repetían a lo largo del año.

En este observatorio en particular, las Pléyades (¿recuerda nuestro artículo sobre la Astrología Mocoví?), Rigel, Agena –que aquí representa en parte a nuestro conocido Escorpio como «Los ojos de la llama» en el lenguaje aymará o quechua– son los protagonistas principales para el calendario del quehacer del pueblo, tanto para la producción como para los tiempos y referencias del viajero.

Es interesante que su astrología (en realidad esta arqueo astronomía para nosotros); no tiene otro fin que pronosticar el tiempo apropiado para cada tarea.

¿Cuándo fue que perdimos esta capacidad de pronosticar lo más sencillo y sin embargo lo más importante?

Posiblemente el desierto andino guarda más respuestas acerca de nuestra pequeña existencia al compartir un mapa de rutas y un observatorio astronómico en un mismo instrumento (el fin se me antoja idéntico) y tal vez como sostienen los yaquíes del desierto de Sonora -unos miles de kilómetros al norte en nuestra América-, hay que mantener bajo control la ilusión de nuestra «importancia personal».

La imagen que precede a este artículo fue tomada del dibujo de Brinones y Clarkson

Más información sobre el Glifo del Sol en este enlace.

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