Catalina de Aragón

Si existe un caso paradigmático de un lento descenso hacia la desgracia; este puede ser el caso de Catalina de Aragón.

Hacia 1501, se casó con el príncipe Arturo (hijo de Enrique VII), que murió al año siguiente sin haber consumado el matrimonio. Ya para ese primer episodio, Catalina mostraba el temple de su carácter en una carta enviada a su padre:

«Yo elijo en lo que creo, y no digo nada. Pues no soy tan simple como parezco.»

Llegados a este punto, Enrique VII de Inglaterra se tuvo que enfrentar al reto de evitar la obligación de devolverle la dote al padre de Catalina, pese a que solo había recibido la mitad. Inicialmente se propuso a sí mismo como marido de su nuera, y al final se acordó que la princesa se casaría con Enrique, duque de York, segundo hijo de Enrique VII y cinco años más joven que ella.

Pero lo que a nosotros nos interesa aquí es el reflejo astrológico del asunto; así que vamos a traer a escena, su carta natal:

No sería justo hacer una interpretación «moderna» del asunto; así que aquí preferimos llamar a un practicante de la época que seguramente tendría como fuente cercana a Guido Bonatti (1207-1296) que nos dejó un compendio de Astrología Judicial en lo que se llamó sus 146 consideraciones y se encuentra en el quinto tomo de su «Liber Astronomiae».

Nuestro practicante sabe que Bonatti a su vez, utilizó el conocimiento de Zael, un astrólogo árabe que fue el primero en traducir a su idioma del griego el Centiloquio de Ptolomeo.

Pero dejémonos de referencias técnicas e imaginemos el razonamiento que hubiese hecho nuestro practicante basado en las 146 consideraciones:

En un primer examen observará el signo en dónde se sitúa el Sol y quién es su señor, para darse cuenta enseguida que es un Saturno, que a su vez rige la casa IV, que representa el principio y final de las cosas. Este maléfico regirá también el matrimonio y como el Sol representa para una mujer el esposo (en tanto para los hombres, la esposa está representada por la casa VII); este será fuente de desgracia y en ese tiempo el mismo gobernante sombrío Saturno, extiende su reino en la casa V (los hijos); en efecto, nuestra desgraciada reina parirá seis criaturas de las que sólo sobrevivirá María I.

Así que luego de esto, en concordancia con la técnica de Bonatti, nuestro practicante se ocupará de la otra luminaria, la Luna y como esta se encuentra en Aries, su regente Marte provocará solamente desgracias en las acciones de los terceros debido a la casa VII.

Nuestra triste reina caída en desgracia por Ana Bolena -entre otros personajes- escribirá en tal sentido:

«Mis tribulaciones son tan grandes, mi vida tan perturbada por los planes inventados a diario para promover la intención retorcida del rey, las sorpresas que me da el rey, con ciertas personas de su consejo, y mi tratamiento es lo que sabe Dios, que es lo suficiente para acortar diez vidas, mucho más la mía.»

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